Respuesta al artículo de Juan Ramón Rallo “Hay que liquidar el estado del bienestar”

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En general, creo que estoy casi al 100% en desacuerdo con los planteamientos expresados en el artículo (que puede leerse aqui). Pero la buena democracia se caracteriza por el debate y el contraste de ideas, así que ahí van mis comentarios:

«Aquellos bienes y servicios cuya provisión dejamos a los mercados libres tienden a volverse disponibles para la práctica totalidad de la población.»

Dos cosas respecto a esto:

Primera: ¿De qué población? ¿de la de España? ¿o de la del Mundo? Porque si tenemos en cuenta el resultado del libre mercado en el conjunto de la población mundial (que es donde se aplica), el resultado es que cada vez hay más desigualdad, y por tanto, menos acceso a los nuevos bienes y servicios por una parte de la población, cada vez más mayoritaria. Y si hablamos de necesidades básicas, y ya no digamos. El problema es que solo una parte minoritaria de la población (el mundo desarrollado) es capaz de acceder a ese desarrollo, mientras que otra parte (mayoritaria), aunque se beneficie marginalmente del desarrollo (lo que es discutible), no lo hace a la misma velocidad, de ahí el aumento de la desigualdad. En problema no es solo la desigualdad en sí misma, sino el hecho de que aumente, lo que lleva a situaciones globales insostenibles (si no nos ha llevado ya).
Analizar algo (en este caso el libre mercado y sus consecuencias) en solo una parte de donde actúa, es una falacia llamada “cherry picking”. El libre mercado ha hecho a una minoría más rica, pero también a una gran mayoría, cada vez más grande, más pobre.

Segunda: Los bienes y servicios tienden a ser accesibles para todos… a base de deuda. Lo de dar hipotecas al 120% para irse de vacaciones y comprarse un coche es el ejemplo perfecto. El ejemplo del sistema bancos prestándose dinero a sí mismos, es otro (es básicamente cómo se crea el dinero, emitiendo deuda). Y el problema es que una economía que funciona a base de crear deuda, tiene un límite (marcado por la reserva fraccionaria)

«La nota característica de todo mercado libre es la competencia»

Efectivamente, la piedra angular del mercado libre. Piedra angular que es falsa. Porque las grandes empresas que acaban copando el mercado no compiten, colaboran creando un oligopolio que explota el mercado y a los clientes, que acaban sin alternativa real. Es decir, la libre competencia en mercados saturados (y todos se saturan a la larga, o no tan larga) no existe.

Hay miles de ejemplos, desde las petroleras que pactan precios de la gasolina, hasta las empresas de leche que pactan el precio (abusivamente bajo) al que le compran la leche a los ganaderos. Miles de ejemplos a lo largo de la historia que muestran una lógica muy sencilla: el objetivo de una empresa es copar el mercado, y la mejor manera de hacerlo es colaborar en vez de competir.

A parte de eso, el libre mercado (es decir, la ausencia de controles) significa que la economía se dirigirá hacia el máximo beneficio económico ya que estará dirigida por el pequeño grupo que maneja las grandes empresas. Es decir, un pequeño grupo de personas decide hacia dónde se van a dirigir los recursos económicos y humanos.

La economía debería dirigirse a mejorar la vida de todos y a crear un marco en el que todos tengamos verdaderas oportunidades en igualdad de esfuerzo, y además hacerlo de manera social, política, ecológica y económicamente sostenible. O al menos debería dirigirse hacia donde decidamos todos de forma democrática. No hacia donde decida un pequeño grupo de directivos cuyas empresas copan el mercado y pactan con otras empresas (dirigidas por otro pequeño grupo) cuanto nos van cobrar por la luz o como se va a generar esa electricidad.

Además, desde el punto de vista económico, el mercado libre se acaba autodestruyendo: a la larga, se crean oligopolios o monopolios, que en un momento dado, tarde o temprano, toman una mala decisión (como por ejemplo…vender masivamente hipotecas al 120% a “ninjas”).
Y por supuesto, también se acaba destruyendo desde el punto de vista ecológico. Y tengamos claro que hablar de ecología es hablar de economía, tanto en cuanto la economía es, básicamente, coger energía y recursos y convertirlos en bienes y servicios. Si la economía sin control se dedica, por ejemplo, a pescar como si no hubiese mañana, sin dejar que los recursos que explota se mantengan o regeneren, acaba por autodestruirse.

Casualmente e irónicamente, igual que las economías comunistas planificadas. Planificadas por una pequeña élite, habría que añadir. Ejemplo paradigmático el del Gran Salto Adelante. O el Exterminio de gorriones en China: algún gerifalte iluminado decidió que había que acabar con todos los gorriones porque éstos se comían las cosechas y bajaba la producción. Para que al año siguiente, sin gorriones, quienes se comieron las cosechas fueron los insectos que los gorriones exterminados no se han comido el año anterior. Resultado: millones de muertos por hambruna.

En resumen: el problema no es quien dirija la economía. Sino que esté dirigida por un pequeño grupo sin control ni responsabilidad. Y el control y la responsabilidad se consiguen a base de democracia real y efectiva.
En esencia, el libre mercado, choca frontalmente con la democracia, porque a la larga, el poder acaba siendo ejercido de forma impositiva por una minoría, no de forma democrática por una mayoría.

Sin transparencia ni control democrático (es decir, público) acabamos teniendo a gente que “se saca las cifras del culo” para salvarse mientras todo se desmorona.

Igual de malo es que dirija la economía una junta de accionistas como que la dirija una junta militar. Tarde o temprano tomarán una mala decisión, y acabaremos pagando todos.

«La verdadera relevancia de la libre competencia reside en la posibilidad de plantear modelos empresariales disruptivos que desplacen a los existentes.»

Volvemos a lo mismo: la libre competencia no existe. No se mantiene en el tiempo, porque quien está compitiendo, tarde o temprano llega a la lógica conclusión de que es mejor colaborar que competir. Es mejor repartirnos el mercado. Es mejor fusionarnos. Es mejor pactar precios. Etc, etc…
Estoy de acuerdo en que la creación de modelos empresariales disruptivos que desplacen los existentes es positivo. Pero el problema es que eso es tremendamente difícil en un mercado libre, porque quien tiene el poder (es decir, quién copa ya el mercado), lo querrá mantener a toda cosa.

Hay miles de ejemplos. Uno al azar: la autogeneracion de energia. Efectivamente, el que yo me compre un panel solar, y lo plante en mi casa, es un «modelo empresarial disruptivo», que «desplazaría al existente». Pero «el existente», es decir, Iberdrola y sus amigos, no van a dejar que eso pase.  Y para eso, cogen, untan al ministro de turno, y hacen una legislación que proteja sus intereses (en este caso, el «famoso impuesto al sol«).

Una vez más, lo que no permite la aplicación de esos “modelos disruptivos” es la concentración de poder (en este caso, en Iberdrola y sus amigos) y la falta de democracia.

Además, creo que olvida que la economía se basa en algo real y tangible: energía y materiales.La economía es básicamente, coger energía y recursos y convertirlos en bienes y servicios.

Desde el punto de vista material es absurdo que Telefonica y Vodafone están tirando cable uno al lado del otro. Esos recursos materiales y humanos se podrían gastar en algo mucho más productivo para la sociedad.

El libre mercado está haciendo que la sociedad esté malgastando energía y recursos. Una vez más, eso destruye el propio mercado porque malgasta y acaba con los recursos de los que se alimenta.

«Los automóviles de hoy no tienen nada que ver con los que se producían a principios de siglo XX,»

Efectivamente, no tienen nada que ver.  Pongamos como ejemplo, su  aspecto contaminante. Los coches de ahora contaminan menos porque los gobiernos les imponen restricciones a la contaminación.

Y la contaminación no es algo de»oh pobres osos polares». Es algo que nos afecta directamente en nuestra calidad de vida y en nuestra economía. Si el índice de cánceres o problemas pulmonares y cardiovasculares es mejor ahora que antes es, entre otras muchas cosas, porque los coches contaminan menos. Cosa que no harían si alguien que piense a largo plazo no se lo hubiera exigido. Y el mercado no piensa a largo plazo. Ni los productores ni los consumidores planifican que si en un plazo de 30 años reducimos el índice de CO de los coches un 0,1%, aumentará el nivel sanitario medio, descenderán las bajas laborales, y  oh sorpresa! produciremos más. Una vez más, el mercado libre se autodestruye si no tiene un control.

«Si todas esas cabezas pensantes se redujeran a una sola, o todas ellas se sometieron a las órdenes dictadas por una sola, parece bastante obvio que nuestra capacidad para prosperar científicamente se vería notablemente mermada»

Exactamente. Toda la razón. Y es exactamente lo que pasa ahora. Quién decide qué se investiga es un grupo minoritario que dirige la investigación sólo (o mayoritariamente) a los beneficios económicos. ¿Dónde estaríamos si todo el esfuerzo invertido en investigar crecepelos y barras de labios se hubiera destinado a vacunas y medicinas? ¿O al arte, la música, la literatura o al tiempo libre? 

«si el modelo organizativo para proporcionar un determinado bien o servicio es determinado por un grupo de burócratas que no tienen que rivalizar con el ingenio ajeno no será posible contrastar estructuras organizativas heterogéneas para escoger en cada momento la mejor»

Exacto, pero si el modelo organizativo es determinado por un grupo de empresarios, que no tiene que rivalizar con ingenio, sino solo con el propio poder que ya tienen contra los outsiders, (haciendo lobby, por ejemplo) tampoco será posible contrastar estructuras. El statu quo mantendrá a toda costa la estructura que ya existe y que le beneficia.

El problema no es que el marco económico lo determinen un grupo de burócratas. El problema es que ese grupo de burócratas no sea elegido y controlado de forma realmente democrática. 
Si en vez de un “grupo de burócratas”, lo hace un “grupo de empresarios”, estaremos en las mismas. La respuesta es mejorar la democracia, no cambiar el poder de manos.

«sino también para mejorar su calidad y el disfrute de los ciudadanos.»

¿Y quien decide que es la calidad o el disfrute? ¿Cocacola? ¿Microsoft? Si liberamos la educación estaremos mezclando intereses económicos con intereses educativos y científicos. Mala mezcla. Muy mala. En la facultad de Medicina se enseñará que tal medicamento es mejor que otro en función de quién financie esa escuela, no en base a un conocimiento científico. En la facultad de informática se nos enseñará que Microsoft es mejor que Linux y en la de agrónomos que el RoundUP es estupendo para la salud y para acabar con la competencia. Pero olvidando que lo que tenemos que estudiar es cómo curar, como programar o como cultivar, no como ganar dinero a toda costa.

¿Va cocacola a decidir que disfrutar de la vida es tomar agua azucarada?

¿No será mejor que lo decidamos democráticamente? Que cada uno sea libre de pretender vendernos agua azucarada que obstruye nuestras arterias, pero que lo haga con transparencia y ateniéndose a las consecuencias de hacerlo. Y sin un control público, eso no se dará.

«La ventaja esencial de desmantelar el estado de bienestar por el lado de la demanda es devolver la soberanía de su administración al ciudadano, que en lugar de verse obligado a comprar (vía pago de impuestos) los servicios que le ofrece el Estado en régimen de monopolio, pueda escoger entre los distintos proveedores de educación, sanidad, pensiones o dependencia que mejor se adapten a sus necesidades y preferencias.»

Una vez más, la mentira de la capacidad de escoger. En España no se puede escoger quien te da electricidad, ni quien te da gasolina, ni quien te da refrescos, ni quien te da teléfonos, ni quien te da ropa, ni quien te da noticias, ni quien te da tele… porque no existe la competencia.

La competencia es mentira.

Y aunque la hubiera, una sociedad en la que la economía vaya solo a donde «dicen» los clientes, no habría ninguna planificación a largo plazo. Y mas cuando lo que «dicen» los clientes se puede manufacturar, y de hecho, se hace. Las empresas gastan mas dinero y esfuerzo en crear la demanda que en crear o mejorar el producto. Simplemente, porque es mas rentable.

La manera de “devolver la soberanía de su administración al ciudadano” es mejorar la democracia, no desmantelarla. La mejor manera de que los ciudadanos escojamos, es como sujetos políticos, no como consumidores.

«En principio, parece claro que poder escoger resulta preferible a no poder hacerlo: Cuando se niega a los ciudadanos la capacidad para tomar decisiones. Así el Estado obliga a los ciudadanos a pagar impuestos por los servicios que suministra su burocracia».

Argumento falaz. Claro que los ciudadanos tomamos decisiones. Se llama «DEMOCRACIA» y  «ELECCIONES». ¿Para qué pretender que la economía esté dirigida por nosotros como consumidores si podemos hacerlo como electores?
Como he dicho, en mercados saturados y monopolizados, como consumidores no tenemos capacidad real de elección. Y como él mismo dice, acabamos “obligados a pagar por servicios que no queremos”. Yo no quiero financiar a McDonals, pero por lo visto, aunque no compre una sola de sus hamburguesas, mi dinero acaba en sus bolsillos. Y lo mismo con los clubes de fútbol y otros miles de ejemplos más.

Pero la culpa de esto no es de quien tiene el poder, si los “burocratas” o las empresas. El problema es que el poder no esté sometido a control democrático. Y si ahora no lo está es por la mala democracia en la que vivimos (falta de separación de poderes, ley electoral injusta, redes clientelares…)

«aquellos (malos y caros) servicios que les ofrecen»

Falaz también. Una vez más, el argumento barato de que «una empresa privada funciona mejor que la pública». Habrá que hablar de dos aspectos: del servicio que dan, y de la gestión que hacen.
Hay miles de ejemplos empresas privadas de gestión nefasta, como toda la banca comercial, rescatada con dinero público, o las 3 grandes constructoras automovilísticas americanas, también rescatadas con dinero público. Y en el ámbito nacional: Martinsa Fadesa, Spainar, Pescanova…

Y respecto al servicio que dan, y en el ámbito de la sanidad, la sanidad privada es por definición peor que la pública ya que tiene que obtener beneficios económicos y para ello tiene que recortar el gasto: menos médicos, menos enfermeras, peor material. En lo único que la sanidad privada es mejor es en la “calidad percibida”: Tendrás tu propia habitación y de postre te pondrán yogur de marca en vez del Carrefour. Pero en el quirófano, habrá un cirujano y no dos. Habrá una enfermera y no dos. El anestesista estará atendiendo 3 operaciones a la vez en vez de una. El material tendrá 5 años en vez de 2, etc etc etc…

“Yo creo que todos deberíamos ser partidarios de que nos otorguen esa capacidad de elección que ahora mismo nos niegan.”

Una vez más, olvida lo que es la democracia y las elecciones. Que la democracia española dista de ser buena, está claro. Pero la respuesta es arreglarla. Empezando por cambiar la ley electoral y el sistema de elección de jueces del TS y del TSJ.

«En efecto, los bajos salarios que se perciben actualmente en España parecen insuficientes para sufragar colegios privados, hospitales privados o fondos de inversión privados.»

Lo que aquí argumenta es: el dinero que me quitan de los impuestos, sería suficiente para sufragar esos servicios de forma privada.

Veamos el ejemplo del país económico liberal por excelencia, EEUU: ¿Cuanta gente no puede pagar en EEUU un seguro médico? ¿o ir a la universidad? ¿o tener un fondo de pensiones? O peor aún, ¿cuánta gente paga religiosamente su seguro médico y cuando va a hacer uso de él, la compañía, ayudada por una jauría de abogados, acaba por no cubrirle?.
En EEUU, los servicios de educación y sanidad son manifiestamente peores que en otros países desarrollados y la distribución de esos servicios, mucho más desigual, rompiendo por tanto la igualdad de oportunidades. Y para colmo el gasto sanitario (tanto público como privado) es muchísimo mayor que en países con sistemas sanitarios públicos.

Que haya servicios públicos de educación y sanidad a parte de por motivos ideológicos (neutralidad, accesibilidad, universalidad), es bueno por motivos económicos, ya que no es mas que una manera de hacer economía de escala.
Sin olvidar, que financiar comunitariamente la sanidad y educación pública, aunque de forma personal no hagamos jamás usó de ella, nos beneficia de forma personal.

Aunque jamás usemos la sanidad pública, pero la financiemos, hará que nuestros conciudadanos estén sanos, y por tanto harán que la salud general sea mejor, ya que la manera de acabar con las enfermedades es mejorar la salud de todos. Sin contar que una sociedad más sana produce más, ya que hay menos bajas laborales.

Que cada uno en la medida de sus posibilidades ayude a financiar la educacion aunque jamás haga uso de ella, le beneficia en tanto en cuanto sus conciudadanos estarán mejor formados como médicos, como ingenieros, como artistas, como investigadores y por encima de todo, como ciudadanos en general.

«debería ir inexorablemente ligada a una fortísima reducción de impuestos:»

Desde luego, estoy de acuerdo. Se pagan demasiados impuestos para los servicios que tenemos. Pero el problema no es solo la mala gestión, sino que hay una gran parte que no paga los impuestos que debe. Y qué casualidad que esta parte es precisamente la parte poderosa. El 70% del fraude fiscal lo cometen las grandes empresas. El fraude fiscal en España es el doble que la media europea. Y no me extraña, sabiendo que tenemos entre la mitad o un tercio de inspectores de hacienda por habitante que otros países de nuestro entorno.
Un vez más pongo como ejemplo EEUU, el pais civilizado con la sanidad más privatizada, que más dinero (público y privado) gasta en sanidad, y el que peor sanidad tiene.

«…si los gastos públicos se reducen, resulta innecesario mantener el actual nivel intolerable de presión fiscal, de ingresos tributarios, de modo que tales recursos se devolverán a los ciudadanos»

Falso, revertirán otra vez en las grandes compañías que copan el mercado, y tienen el poder de explotar a los clientes sin capacidad real de alternativa.

«…el ciudadano medio si es rehén del estado de bienestar debido a los altos impuestos que soporta.»

Totalmente cierto. Pero en ese estado del bienestar, tiene voz gracias a la democracia. Si ese bienestar es proveído por entidades privadas, no tienen ninguna voz, derivando inevitablemente en la explotación.
Una vez más, el hecho de que la democracia sea imperfecta no es razón para cargarsela y abogar por la ley del más fuerte, que es en esencia el libre mercado.

«Frente al estado del bienestar, el estado subsidiario”

Es decir, frente al reparto de la riqueza y la igualdad de oportunidades, la caridad.

«El libre mercado ha sido el motor del progreso y de la prosperidad económica en todos aquellos sectores y ámbitos en los que se le ha permitido actuar.»

Pues mas bien diria lo contrario. El mercado libre y la falta de control han sido los responsable del mayor colapso económico de la historia. Por no hablar de los mayores índices de desigualdad de la historia.

“Otorgarles a políticos y burócratas el monopolio de su administración sólo tenderá a condenarnos a sufrir el incremento de sus costes y el estancamiento de sus estándares de calidad. ”

Al igual que otorgarle el monopolio de la administración a las juntas directivas de las multinacionales.

El problema no es que el poder esté concentrado en manos de unos o en manos de otros.
El problema es precisamente que esté concentrado y no tenga ningún control democrático.


La solución no es liberar la economía, es mejorar la democracia.


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